martes, 14 de agosto de 2012

ANDRÉS SUÁREZ





Ayer fui al concierto del Náutico en el Grove. Sí, no a un concierto, sino al concierto . Al concierto del verano: el de un cantautor que –aunque sea imperdonable- he descubierto hace muy poco –a pesar de que  él lleva desde los diecisiete años abrazado a su guitarra y recorriendo locales-. Andrés Suárez. Un gallego con una voz potente, de mariñeiro bregado en el arte de sobrevivirse al mundo de sus emociones; un hombre con cicatrices en el alma pero con la fuerza de saberse vencedor  como el ave Fénix; un rostro de sonrisa fácil –que no facilona- y con una mirada que, en cuánto habla de los suyos , destila amor, agradecimiento y ternura. Y todo esto, envolviendo al artista que compone temas que tocan el alma, unas veces para zarandearla, otras para reconfortarla y casi siempre, para conmoverla.
Fue una noche mágica. De las que no se olvidan porque el artista se encarga de que el público se sienta como en casa: en  el hogar donde un amigo te confía sus problemas, sus miedos y sus angustias en la intimidad de una cercanía que agradeces y por supuesto engancha.
Os recomiendo que os acerquéis a su música y a sus letras: unos relatos como los que me apasiona leer. Con fuerza y con el buen hacer de un artesano. Como los que me encantaría llegar a escribir.
Va a llegar más lejos, mucho más de donde está ahora. De eso no tengo la más mínima duda.
Sólo espero que no se aleje mucho de nuestros mares gallegos para poder seguir disfrutándolo de cerca.
Mil gracias al Náutico por traérnoslo.
Y enhorabuena a su padre y a su madre por haberle permitido buscar su camino como músico- como bien dijo ayer-: gracias a ello, ahora tod@s podemos sentarnos frente a él y dejar que con su música se nos erice la piel y que con sus historias  nos acaricie el alma.


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