jueves, 29 de noviembre de 2012



 

Divorcio


     En la asamblea de la clase, mis alumn@s pueden contar cada mañana, cómo se sienten: parecerá increíble, pero con apenas cinco años, ya saben identificar sus emociones -por suerte- con más precisión y claridad que muchos de los adultos que me rodean. 

    Así, respetando el turno de palabra –que también han aprendido a hacer maravillosamente- poco a poco, van desgranando lo que  en sus pequeños corazones late, definiendo cada día si lo que se sienten es cansados, tristes, contentos, con sueño, enfadados, nerviosos y/o asustados.

    Hoy,  mirándonos desde sus gafas naranjas de pasta, Lucas pidió turno de palabra el primero. Con una cara más seria de la que luce las últimas semanas, nos contó: Hoy estoy muy triste, -dijo sin apartar los ojos de los botones del mandilón. Estoy separado, añadió-, provocando  asombro en las caras  de sus compañer@s y un enfado incontenible en mi estómago.

   Y es que por mucho que quieran justificármelo, no lo entiendo. No entiendo a esos progenitores, cualquiera de los dos o ambos por cada lado, que intentan “implicar” tanto a sus niños en estos proceso, que ellos terminan viviéndolo como algo propio.
En un proceso de separación "habitual", los más pequeños siempre dicen: es que mis papás se han separado. Cualquier otra vivencia, como la de "estoy separado" se les queda, por desgracia, inmensa para sus pequeños cuerpos: es como tratar de ponerles un jersei de cuello cisne ocho tallas más grandes de lo que necesitan para su edad: lo único que conseguiremos es que se sientan incómodos todo el tiempo, enfadados en muchísimas ocasiones y tristes la mayor parte de las veces. 

    Dejémosles en paz, dejemos que sean niños, que se convenzan de que si sus padres se han separado, ellos no han tenido ni tienen nada que ver y sobre todo, habría que convencerlos de  que no pueden ni  podrán hacer nada para que sus padres vuelvan a estar unidos. 

    Permitámosles que lleguen al colegio y se rían, jueguen, se ilusionen, se enfaden o se culpen por lo que de verdad les incumbe: por haberse colado en la fila, por comerse el caramelo que alguien imprudentemente ha dejado a la vista o por haber destrozado el dinosaurio de plastilina que su compañero de mesa acababa de terminar.


     

4 comentarios:

  1. Espléndido Carmen,bien definido este drama.Cuando en la pareja se circula a diferente velocidad,los pequeños se quedan en estaciones intermedias,perdidos,desorientados,intentando ser adultos en cuerpos de niños.
    Te leo de tarde en tarde,pero das buenos golpes.

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  2. Muchísimas gracias por tu comentario y bienvenido a mi lareira.
    Sí,estoy de acuerdo con todo lo que dices y me ha gustado muchísimo esa imagen que dibujas de la pareja que va a distinta velocidad y los pequeños que se quedan en esas estaciones a medio camino hacia muy bien no se sabe dónde.
    Espero que vuelvas por mi rincón. Toda visita es siempre de agradecer.
    Besos.

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  3. Carmencita,
    Hacía tiempo que no me asomaba por aquí, ya sabes cómo ando... y ahora estaba leyendo un poquito de puntillas, pero no he podido evitar detenerme un ratito para decirte que sí, que sí, Carmen, un niño nunca debe ser una víctima y el adulto no puede presumir de serlo si no ha llegado a distinguir entre su responsabilidad y la de su hijo. Lástima de padres que nunca deberían haberse embarcado en esa aventura si no estaban preparados... Y lo de la distinta velocidad... pues sí, de eso se trata.
    Besos a ambos
    Ro

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  4. Gracias, Ro. Lo tuyo sí que tiene mérito, con lo liada que estás siempre.
    Besos y un millón de gracias.

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