viernes, 7 de diciembre de 2012

                                                         
                                                         

El concierto de Gustavo Almeida:


Nos equivocamos cuando estamos segur@s de que salvo con algún aparato de última tecnología, los niñ@s pequeños no podrán pasárselo bien; y volvemos a meter la pata cuando pensamos que no serán capaces de disfrutar con una buena exposición de arte o con un concierto de  música de autor. “Esas son cosas de mayores- les repetimos con insistencia y terquedad.
Y ell@s, a pesar de todas nuestras equivocaciones, siguen creciendo. Ya tienen mérito, ya.
Ayer, desoyendo a mi parte adulta y necia, llevé a mi hijo y dos niños más al concierto de Gustavo Almeida. En la Posada Indiana.  Se supone que un concierto para adultos. Se supone que una de esas actividades en las que, al cabo de cinco minutos, ya estarían diciendo un “cuandonosvamos” y/o jugando con los servilleteros. Cosas que debía suponer y a las que tendría que haber hecho caso. Menos mal que no lo hice:

Tendríais que haberlo visto. Ni se movieron apenas de sus asientos; sólo para ir un minuto al baño. Nada más. No me preguntéis si fueron las letras, el ritmo, los aplausos o todo junto:  Yo creo que va más allá:  los niños tienen una sensibilidad especial  para apreciar la música que tiene carácter y  luz propia; y la de Gustavo la tiene y es inconfundible; adornada además por una sonrisa franca, de las que engancha, como el mismísimo flautista, en el pueblo de Hamelín.

Fue mágico. Y la magia continuó incluso cuando abandonamos el local y nos fuimos hacia casa. Incluso fuimos tarareando alguna de las canciones que recordaban ya casi mejor que yo. Y eso que yo tengo el CD.  Para que luego me digan que los niños esas cosas no saben apreciarlas. Hay que ver.

No sigamos equivocándonos. Hagamos a nuestros hij@s partícipes del buen hacer. Del buen arte. Del trabajo bien hecho. Ni Harry Potter pudo hacer  con su película, lo que yo vi ayer en las caras de estos niños: ni el Harry Potter con su superproducción. Vaya tela.

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