lunes, 18 de marzo de 2013

Historieta real -por desgracia-

Buenas: 
Hoy ha sido un día de ésos temido por muchos: se me ha fundido el ordenador. Sí, él mismo ha decidido, desde el fondo de sus tripas metálicas, que "hasta aquí he llegado, Carmen. Hasta aquí"

Ha sido de lo más estremecedor: en apenas cuatro segundos, ha pasado a someterse, manso y dócil  a mis dictados, a sisear como una cobra, con un ssssssss  desafiante y repentino, como de aullido definitivo. Luego, ha acompañado su estertor con un humo, lateral, denso: parecía salido directamente del disco duro del infierno o de algún otro recoveco eléctrico y espeluznante. Sólo he tenido tiempo de arrancarle la batería -por aquello del temor a alguna explosión que me dejase patidifusa al lado de mi enloquecido portátil.- Pero poco más. 

Lo que más siento es que no he podido decirles adiós a las historias que se quedaron a medio escribir dentro de ese ataúd chamuscado; no sé si existirá la posibilidad de rescatarlas en los próximos días. Ya se verá. Para ello, confío en la habilidad de mi amigo Enrique, fenómeno en la reanimación de ordenadores y otros cachivaches endemoniados: ojalá que él sea capaz de hacer entrar en razón a mi viejo compañero o que al menos le convenza para que me devuelva algunos de los textos que me pertenecen y que se llevó con él al más allá de mi alcance.
-Carmen -me ha dicho divertido Enrique tras contarle mi desventura- eso te pasa por escribir esas historias tan  diabólicacmente explosivas.
Quizá tenga razón. Quién sabe. ;D
Besos.
Vosotr@s ni os preocupéis: que tengáis una noche amable. Y que os abracen casi tanto como merecéis.
Hasta mañana.

4 comentarios:

  1. ¡Esto está como para no respirar! Nada mejor que unas pinzas antiestáticas lo suficientemente delicadas para acariciar al disco duro en sus zonas erógenas hasta llevarlo a un orgasmo informático y evitar cualquier penetración embarazosa que pueda resultar en hemorragias de bits y bytes y por tanto pérdidas de información que borren de memoria cualquier sentimiento de paternalidad.

    Una vez lograda la excitación máxima; una buena carcasa externa de disco duro. que tiene poderes preservativos casi mágicos y permite llegar rápidamente al punto G de los Gigabytes en que se esconden tus historias explosivas, puedes aplacar el éxtasis originado por la inigualable erección USB que le permitirá a ese disco duro la promiscua oportunidad de depositar sus semillas en cualquier otra computadora y evitar ser acusado de homosexual al verse involucrado con algún ordenador. Una vez logrado el momento supremo seguro que la información aflora con un grito casi desgarrador de satisfacción máxima.

    Si después de esto los deseos eléctricos y espeluznantes se mantienen, un romance con penetración Ethernet, menos profunda pero más segura, puede ser el inicio de una nueva relación tolerada por cualquier PC y aún MAC, siempre dispuestos a hacer lo que sea con esa información y darles a los textos una nueva experiencia oral. ¡A por la carcasa externa!

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    1. Buf! mi querido Peter Pan: me he perdido en el primer párrafo ;DDDD
      Avisaré a mi amigo de que elimine los datos más biológicos de tu prouesta y trate de probar con tu remedio ;)
      Gracias de cualquier forma.
      Cuídate, que creo que por tu tierra está nevando de lo lindo.
      Muacs!

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  2. Lo siento, Carmen. Menuda pérdida.

    Si aceptas un consejo de un analfaWEBto integral, utiliza el DROPBOX para archivar tus textos. La ventaja de tenerlos en "la nube" y en tus distintos dispositivos (mira que técnico ha sonado eso) es que es practicamente imposible que los pierdas.

    Si tienes dudas, contacta conmigo y te lo explico.

    Un abrazo,

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    1. Mil gracias, Pedro.
      Sí, tenía bastantes cosas en el "horno", pero lo bueno es que antes de escribirlas, las rehogo bastante en mi cabeza antes, así que creo que el esqueleto de casi todas, está a salvo. Menos mal.
      Y sí, lo del Dropbox creo que será una muy buena idea. De cualquier forma, si tengo cualquier duda, me pondré en contacto contigo.
      Más gracias, de nuevo y un beso enorme.

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