sábado, 29 de junio de 2013

Micro dedicado a Gustavo Almeida

Gustavo Almeida  ha sido una de las personas que han marcado mi vida en los momentos en que mi día a día parecía un laberinto de penas y cansancios: sus letras envueltas en música, han reflotado sonrisas cuando no tenía muchas ganas de sonreír y además, han resultado un bálsamo  para mí en muchísimas ocasiones, como ése que trataría  de aplicarte un hermano cariñoso para aliviarte el dolor de una herida abierta, que por momentos, seguía  empeñaba en no dejar de sangrar. 
Esa deuda vital que yo sentía hacia él, ha estado acompañándome hasta ahora: ya tengo un texto que quiero dedicarle. Sí, Gustavo ha estado en mi cabeza y en mi corazón a la hora de escribir este microrrelato: se me dió por imaginar qué tipo de niño debió de ser hace algunos años -pocos ;)- para llegar a convertirse en el adulto con tan buen corazón y tan noble que es ahora, y de tales pensamientos y elucubraciones mentales, salió este texto.
Y me gusta lo que ha resultado de hacerle viajar en el pasado: estoy más que segura que el tesón, la capacidad de lucha y el enorme amor hacia los suyos que destila el niño que he descubierto en esta historia, es el mismo que llenó y llena el corazón  del Gustavo del que disfrutamos ahora.
Gus, se te quiere. Mucho.
Mil gracias por ese "Basado en nada", que se basó en tanto.
Feliz tarde a todos los demás y mil gracias por veniros hasta mi lareira.



Goliat

Papá y él ya no juegan, ni al dominó, ni al mus, ni a nada.
−El  abuelo está olvidando cómo se hacen las cosas –me explica papá.

Es cierto: ya no sabe conducir el coche para irnos al fútbol, ni cómo arreglarme la bici; por eso cada tarde, cuando vuelvo del cole, lo llevo  de la mano al jardín y le recuerdo cómo hacer para que salgan los grillos de sus agujeros, cómo sujetar la caja de los bichos sin levantar la tapa para que no se escapen y cómo hay que quedarse muy quieto mientras atrapamos mariposas.



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