miércoles, 23 de octubre de 2013





El juego


Corazones de purpurina iban a flotar dentro del avión de juguete, o al menos Martita, quería imaginarlos; por eso la había sentado a ella, con su vestido de  mamá princesa, al ladito de él, el papá príncipe, con su corona de oro y todo.

 Ésta era la parte que más le gustaba,  porque después hacía que se mirasen y que se diesen un larguísimo beso. Así que suavemente, hizo girar sus cuellos y unió sus labios de PVC. En un beso de amor. De esos que no recordaba entre ellos.

  Y entonces sí, aparecieron los corazones de purpurina, inundándolo todo.

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