miércoles, 2 de octubre de 2013

La cicatriz (I)

Sabe que odio que vengan a interrumpirme  mientras leo. Pero también sabe que con él hago excepciones siempre, por eso se asoma confiado por encima del libro que leo tumbada en el sofá. 
─Cariño, ¿qué haces agazapada entre tantas letras? –pregunta tratando de hacerse un hueco a mi lado. 
Con un suspiro trato de hacerle entender  que no quiero  abandonar el relato ahora que empezaba lo más interesante.
─Ya sé que corro el riesgo de que me des una patada en el culo ─susurra zalamero ─pero, tengo algo que contarte. Además, te echaba  de menos…y, no sé, que estés tanto tiempo sin hacerme ni caso me hace sentir como si me faltase el aire… mira, aquí…
Aparto los ojos de la página. Sonrío ante esas manos crispadas sobre el pecho y esa mueca retorcida.
─Ya veo, ya… lo tuyo no tiene remedio. Te salva que… no sé qué es lo que  te salva, pero lo hace. Anda, venga, soy toda oídos, dime qué quieres.
 ─Bueno, también sucede otra cosa ─ añade acariciándome la piel del hombro─
—Ah, ¿sí? no me digas…sorpréndeme…
Dejo caer el libro sobre mi pecho. El aprovecha para apartarlo, dejándolo sobre  la mesita que tengo al lado. 
─Me asusta que te pases tanto tiempo leyendo a este tipejo; creo que hice mal en presentarte a Cortázar… ¿Y si acabas enamorándote de él?... No podría soportarlo…
─Cortázar murió hace más de veinte años  ─le digo, riéndome ante semejante ocurrencia.
─Lo sé, mi vida, pero yo, cuando se trata de ti, me celo hasta de los fantasmas, y quién sabe por dónde andan ─insinúa acercando su boca como si algún espíritu maligno nos estuviese acechando─. Escucha shh… quizá podamos sentir su presencia…
Me quedo en silencio, pero lo único que percibo es el de su respiración acelerada. Sus labios se han quedado a escasos centímetros de los míos. Le miro. En sus ojos veo reflejado mi propio deseo.
Me besa con delicadeza. Mi boca se abre acariciando su lengua, que se enreda con la mía.
Se aparta ligeramente. Me mira. Sonríe. Cierra los ojos al tiempo que mi dedo índice recorre sus labios, su nariz, sus párpados. Me detengo en la cicatriz.
 Me gusta esa cicatriz, anclada a la ceja como una palmera a su isla, inclinada sobre sí misma. Solitaria. Irresistible.


Continuará...

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