sábado, 16 de noviembre de 2013

Dedicado a Marta. Que me leía.



No

Papá, ¿tú no tienes frío? –insiste en un hilillo de voz, acercándose  a la losa de piedra helada que los separa y que el enterrador acaba de sellar con cemento.
Su madre tira de él con suavidad y se echa a llorar. Otra vez. Alguien la abraza.
El abuelo lo aleja de allí para llevarlo de vuelta a casa.

Y él deja caer la chocolatina que lleva en el bolsillo. La que la abuela le dio hace un rato. De chocolate blanco, el preferido también de su padre. Para que pueda comérsela. Cuando salga de ahí dentro.

2 comentarios:

  1. Me ha encantado este relato para REC de esta semana. Triste, y magnifica la exhibición de ese final y la chocolatina desde la inocencia de un niño.
    Recibe mis saludos.

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    1. Gracias, Anna, por acercarte a mi lareira y dedicarme unas palabras. Muchas gracias, de verdad.
      Feliz noche.

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