sábado, 11 de enero de 2014


Sin venir a cuento


—… Y así, tontamente, acabe pegándome un tiro; apuesto a que te daría igual…
—!Ah! Ahora viene el momento del suicidio… pues apártate un poco, va a empezar el partido.

Ella estruja el delantal: Ya ha gastado demasiada saliva en esta bronca imbécil; además, el aceite debe estar humeando en la sartén y el niño – que continúa sobre la alfombra ensimismado con su juguete— pronto tendrá hambre.
Pero no: esa noche se irá a  su cuarto. Castigado y sin cenar. 
—Hay que ver lo insoportable que se pone este niño a veces. Así, enrabietado por nada. De pronto. Destrozando  juguetes.

—Y sin venir a cuento, vaya.

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