sábado, 1 de febrero de 2014


Agonía

Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos: tenedor de trinchar y cuchara; escogiéndolos con parsimonia de entre todos los que había en aquel altar, desechando en el último instante un gran cuchillo de cocina; elevándolos ceremonialmente por encima de su cabeza hacia la luz de la bombilla, para que ella pudiese verlos también desde la esquina de aquel sótano donde la mantenía encadenada y aún con vida.
Ella, al verlos, comenzó a chillar de nuevo.
Él, sosteniéndolos en alto, sonrió complacido.
Tenedor de trinchar y cuchara. Brillando en la penumbra. 

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