sábado, 15 de marzo de 2014








Encendida


La vergüenza que nos ganamos aquella noche, en cambio, nos acompañaría para siempre; mi madre se empeñó en mantenerla viva, colocando en la repisa de la sala aquellas cosas: dos fotografías, una la de mi padre - tan serio como yo lo recordaba- , y otra, la de aquel hombre -tan joven y sonriente-, con el que se había ido una noche para no regresar ; y entre ambas una vela negra que, como la vergüenza que nos ganamos en el pueblo,  mi madre se empeñó en mantener desde aquella noche, siempre encendida.






No hay comentarios:

Publicar un comentario