jueves, 13 de marzo de 2014









Es en esta plaza 
donde el olor de las flores de azahar
se me enreda en el pelo
y  te trae de vuelta a mi piel,
amainando por un instante
 la ligereza del vuelo.

Porque no he dejado de volar
luna tras luna
ni de respirar,
en cada latido
el soplo de tu aliento.
Hubiese sido, mi vida,
 imposible el  hacerlo.

 Y es en esta plaza
donde a la luz del ocaso
 la tibieza del sol
busca desnudarme

como yo haría contigo ahora
en pleno vuelo

o como insisto en hacer
en cada pliegue de tu recuerdo,
en cada aroma,
en cada verso
en cualquier plaza
en todas y en cada una de mis tardes
y en todos y en cada uno de mis vuelos. 










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