domingo, 30 de marzo de 2014

Puedes llorar los viernes



Que no os digan que vais a poder llorar cuando os haga falta.
Que no os lo digan. Porque os estarán mintiendo.
No es posible llorar cuando te lo suplicas a ti misma. Cuando todo duele por fuera y también por dentro. 
Lo sé.
Yo casi nunca  puedo y casi siempre lo necesito.
Me hace falta cada mañana, cuando abro los ojos desde el lado de mi cama y veo que sigo aquí. En esta casa. En este día a día. Con él.  Tan lleno  de su sombra que ocupa cada habitación, cada esquina, cada recoveco de mi mente. Donde nada va a cambiar. Donde todo va a seguir igual. Día tras día.  Doliéndome. Asustándome. Y entonces es cuando querría abandonarme y  echarme a llorar. Por si en ello encontrase algo de alivio. Pero no puedo.
No puedo porque están ellos. Esos  pequeños ojos, esas miradas que viven también conmigo y están pendientes de mis movimientos, de mis gestos,de mis palabras, de mis lágrimas, de mis sonrisas. ¿sonrisas? Apenas recuerdo como hacer para dibujarlas con mi boca.
Lo único que está presente en mi es esto,  aquí, bajo mi pecho. Esa sensación, la de un latido veloz, siempre desbocado. Lleno de temor. La de una caída hacia la nada, sin saber dónde está el fondo de esa oscuridad. Sin que mis pies descalzos toquen al fin, suelo. Siempre hacia abajo.

Que no os digan que vais a poder llorar cuando os haga falta.
Que no os lo digan. Porque os estarán mintiendo y tendréis  que ser vosotras las que decidáis en qué momento os lo vais a permitir, tendréis que decidir en qué instante del día vais a meteros en ese agujero donde podréis doleros, dejar que las lágrimas salgan en el intento de lamer vuestras heridas y de que  no duelan tanto. De que no se vean. De que nadie las vea.

 Que no os digan que podréis llorar cuando os haga falta porque os estarán mintiendo y
tendréis que escoger ese momento con cuidado.  Como he hecho yo .Para que nadie más sea testigo. Para que esas pequeñas miradas puedan creer que nada es tan difícil. Que todo es soportable. Que no pasa nada. Que todo irá a mejor.
Escogedlo con cuidado. 

Quizá el llorar, como a mí, os deje entrar en el pecho algo más de aire y se haga menos duro el respirar.
Y que, como yo, encontréis vuestro instante de lloraros, porque sí, yo ya lo tengo el mío. 
Sí. 
Yo tengo mi hueco de lágrimas, de miseria cuando, por unas horas, se ausenta el centinela. Cuando sale al bar.
Yo ya puedo llorar los viernes.








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