jueves, 6 de marzo de 2014






Imagen: María Porto



Que apenas hubo tiempo -me dice-
que nos quedó tanto por saber,
de miserias, 
de miedos,
del roce de mi boca y su boca;
de dejarnos entrever.

Que se habría desgastado nuestro tiempo -me susurra- 
que se habría desacompasado el latido,
que dejaríamos de tenernos hambre,
que llegaría el hastío
 y amaneciendo un enjambre de avispas
comenzaríamos a temernos.

Que apenas hubo tiempo -añade-
tratando de convencerme,
de convencerse
de creerlo
y de que llegue el instante
de comenzar a sentirlo
ahí,
bajo el tic tac del pecho.








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