miércoles, 2 de abril de 2014

2 ABRIL
CONCIENCIACIÓN MUNDIAL SOBRE EL AUTISMO

Ayer rocé el cielo,
apenas un instante, pero fue pleno.
Tres años tratando de llegar a su isla,
donde es un naúfrago permanente de sí mismo,
donde en su piel de autista no llegan nuestras palabras,
nuestras peticiones que no son sus necesidades.
Pero ayer, rocé el cielo.
Tres años de remar hacia su isla, de permanecer simplemente, 
a su lado, 
con la fe ciega en llegar a ser necesitada en algún instante, por mínimo que fuera,
entretejiendo los lazos que pudiesen comunicarnos, 
darnos a conocer un poco más,
revelarme sus miedos, 
mostrarle mis manos y que aprendiese a leer en las mías;
confiando, confiarme, confiarse...
abandonándose a la vida que tanto teme,
y que trata de leer en enciclopedias
por no entenderla de otra forma.

Y entonces, sí, ayer rocé el cielo, 
cuando permitiéndome poner los pies descalzos en su pequeña isla,
se giró mientras trabajábamos como cualquier día,
como cualquier mañana 
sentados como tantas veces
pupitre con pupitre
y rozándome la mejilla
así, como necesitándome por un instante
se giró hacia mí, 
me miró 
y después me regaló un beso.
El primero.
Y sentí como sí, rozaba el cielo.


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