domingo, 6 de abril de 2014

María Porto




El final




Se encontraron en aquel claro del bosque. Un cruce de miradas fue suficiente para desatar una inesperada pasión entre ambos. 
Corrieron a la casucha de la abuela: ella se abrazó a él sin desear otra cosa que perderse en aquella mirada inquietante y feroz y y él no quiso ya nada más que poseerla, enloquecido por aquel reír almibarado y aquel vestidito rojo con enaguas blancas.
No hubo tiempo: un cazador de cuento, presuntuoso y bobalicón quebró el verdadero final de la historia al gritar tras el disparo aquello de " Tranquila, Caperucita; este lobo ya no volverá a molestarte.”





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