lunes, 14 de abril de 2014


Viví en una rutina de días sin brillo
anestesiada por mí misma
-no siempre los culpable están  fuera-.

Días sin brillo
de llanuras áridas e interminables
lentas, 
con arena que me secaba la boca.

Días sin gris, sólo negro
rompiendo espejos
para alfombrar un laberinto
por el que caminar descalza.

No había menguantes ni crecientes
en mi luna.
No recuerdo siquiera que la hubiera.

A oscuras por el laberinto
hacia el epicentro
muriendo sin tocar fondo.

Rutina de días sin brillo
anestesiada por mí misma
-no siempre los culpable estuvieron  fuera-.





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