domingo, 4 de mayo de 2014






CONEXIÓN

Sí, es cierto: ni tu cuerpo ni el mío se están rozando.
No paseamos de la mano por la calle.
Ni nos regalamos un abrazo al encontrarnos al doblar cualquier esquina.
Tampoco nos asaltamos la piel cuando uno de los dos entra por la puerta
de un casa que no existe.
Ni nos tomamos juntos el primer café de la mañana, o el de después de cualquier siesta en la tumbona de la terraza que no tenemos.
Ni nos duchamos al mismo tiempo compartiendo agua y espuma.
Tampoco te entretienes besándome el pecho mientras yo me río.
Ni yo acaricio tus manos mientras me tarareas al oído una de las canciones que acabas de componer con tu guitarra.
Ni tú te acercas mientras escribo un relato y me acaricias el cuello con los dedos enredando la historia de mis personajes.
Ni siquiera nos besamos con los ojos antes de que se unan nuestras bocas.
Y tampoco jugamos, desnudos, a contarnos los lunares que nos adornan la espalda.
Ni yo disfruto cualquier atardecer acariciándote el pelo en el sofá, mientras tu cierras los ojos y haces como que duermes.
Y ni siquiera nos perdemos cada vez que nos tenemos sed, enlazando nuestros ombligos bajo las sábanas de una cama que nunca hemos deshecho.

Sí, es cierto. Ni tu cuerpo ni el mío se están rozando.
Pero hay que ver lo enredadas que tenemos nuestras almas. 
Así, en la distancia.



3 comentarios:

  1. Qué precioso, y qué miedo lo de la distancia, se imagina mucho más bonito de lo que seguramente sea.
    Besos

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  2. Te ha gustado? pues no estaba yo muy segura de que se entendiera, no.
    Graccias!

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    1. Ya te he dicho que me lees y me escribes, Carmen. Te entiendo como si escribiera yo, puede que no lo mismo que tú dices, pero sí entiendo cosas, muchas. Gracias a ti, guapa. Besos

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