miércoles, 7 de mayo de 2014






Tú me robas soplos de vida, 
yo te regalo el aliento de mi vientre.

Te tomo de la mano
y entonces crees acercarte a un abismo.
Adelanto tu figura, 
abrazándome a la espalda de tus espectros.


No hay vacío.
Sólo aire.
Inmensidad
ajena a nuestras aristas
que lima esquinas,
dibujando calmas.

Se nos vuela el miedo.
Ya no somos altura: ahora me leo en la voz de tus ojos,
y tú lloras bálsamos a ras de suelo.

Hemos hecho arte de una mirada.
Y ambos hemos llegado a casa.
Por fin. 
A manos llenas.





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