martes, 28 de octubre de 2014

Miguel Lubians









Tras un cruce de caminos,
después de querernos,
no hemos vuelto a ser los mismos:
parte de ti
en mi forma de colorear las palabras;
parte de mí,
-quiero creer-
en las palabras que dibuja
tu pincel.


Y el sol que nos brotó en el pecho.
Ahí sigue.
Nunca ha vuelto a haber tanta luz
para mirarla de frente.

Tras aquel cruce de caminos,
no volvimos a ser los mismos.
Ni tú
ni yo.
Por fortuna.





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