lunes, 3 de noviembre de 2014













Con las dianas, ya se sabe, hay que ir direct@s. 
Embalados. 
Y ni siquiera hace falta ni un sólo porqué.
Se trata de una diana. Diana. Eso lo dice todo.
Aunque en su discurso no haya nada. 
Lo esencial es no errar y posicionarse lo más cerca de lo que se supone que hay que posicionarse. El epicentro.
Otra nada coloreada. De amarillo chillón. Colores que gritan. Hay que ver.
Con las dianas, quizá no se sepa. Pero un@ llega. Se incrusta. 
Tras el impacto. Silencio. Sin tonalidad, claro.
Un ahora qué. Y la conciencia clara de que existe el más absurdo todavía.






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