sábado, 31 de enero de 2015









A veces no hace falta hoguera para arder.
Tacho. 
Emborrono.
Rompo el papel y saco otro con la urgencia de quedarme sin aire si no te escribo. Y ni siquiera sé si alguna vez llegarás a leer estas palabras.
El destierro al que te envié es ahora mi condena.
-Lejos- pedí.
Y lo hiciste. Al lugar exacto: a la distancia de una llamada que sabes que no haré.








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