domingo, 25 de enero de 2015









Cuestión de lógica



Abandonamos la playa.
Yo llevo en la mano una bolsa llena de pequeños restos de plásticos que he ido encontrando por la orilla (cosas de ésas que yo hago).

-¿A dónde llevas eso? -me pregunta mi hijo.

-A reciclar - contesto muy dispuesta.

-Pero mami -añade él con condescendencia- ¿no te das cuenta que con una simple bolsa no vas a conseguir sacar todos los plásticos que hay en el mar?...

-Ah,... claro..., tienes razón, -digo mirándolo como si me hubiese abierto el gran libro de la lógica aplastante delante de mis ojos- . Tienes razón -repito- y luego sacudo el brazo con fuerza lanzando la bolsa hacia la orilla.
-Mami, qué haces -dice con los ojos muy abiertos-, ¿cómo vas a dejar esa bolsa de basura ahí?

-No pasa nada- contesto tranquilamente mientras me alejo-. Al fin y al cabo, yo sólo los he juntado. Los trozos ya estaban ahí¿no?

Dejamos atrás la playa. En el coche, mientras conduzco,  miro de reojo a mi hijo.  Va sentado a mi lado y preso -ahora-  de otra lógica distinta, pero aún más aplastante: la que le ha llevado a rescatar con rapidez la bolsa abandonada en la orilla, la que le hace sujetarla con firmeza entre las manos, y la que nos va a obligar a detener el coche para depositar todo ese plástico en el primer contenedor amarillo que nos encontremos en el camino de vuelta a casa.









No hay comentarios:

Publicar un comentario