jueves, 2 de abril de 2015





Me encuentro con Ana, la mamá de Laura. Va con el uniforme del supermercado:hoy, que es festivo, también trabaja.

Laura apenas ve a su madre los días de semana: se despiden por la mañana en el colegio cuando llegan al plan madruga y se reencuentran en casa para darse un beso de buenas noches. Y hay días que casi ni eso. Y Laura la echa mucho de menos. Y Ana, además, se siente culpable.

Por eso les saben tan a gloria los domingos y otros festivos que disfrutan juntas.

Y hoy es festivo. Pero Ana hoy trabaja : el supermercado que la tiene contratada abre porque abren otros negocios. Otros negocios; da igual cuáles. Otros negocios a los que much@s van a ir a comprar, cosas que deben ser tan imprescindibles como para tener que sí o sí, comprarse. Ese día.Y no es algo excepcional: a much@s les pasa. Vaya casualidad.
Esos muchos somos todos nosotr@s, y dejamos a Laura, hoy, sin su madre.
Vaya. No lo habíamos pensado demasiado a qué no?, lo sé: 
nosotros lo único que quizá queríamos era una camiseta nueva más, o un pantalón que habíamos visto el otro día y que ahora os apetecía salir y comprar, o cualquier otra cosa, qué se yo...cualquier otra cosa excepto que que esta niña se pusiese triste. Ya.

Bueno, no pasa nada: tiene solución. Sí, bueno, no en esta ocasión, pero sí para las siguientes. Y consiste en pasar de much@s a ningun@.
Sí, ahí, ahí está la clave: nadie, ninguno, nada. No en las tiendas que abren en festivo.Y eso es un hecho: si nadie compra, las tiendas no abrirán en esos días: lo que les importa es el dinero y no estarán dispuesto a perderlo.

Yo poco sé de economía, tenéis que perdonarme. pero sé mucho por mi día a día en el colegio, de Lauras y otros nombres a los que como mi alumna de seis años le corresponde un día como hoy, para salir a montar en bici al Paseo de los Gafos, la playa de la Lanzada o comprarse un helado en la Ibense. 
Le corresponde pasar el día completo con su madre, cocinar esa bizcocho de nata que les sale tan bien, acurrucarse en el sofá para ver una peli y que después al acostarse lean juntas un cuento. Eso es lo que le encanta hacer a Laura con su madre. Lo sé porque no deja de contarlo en clase, de dibujarlo, de desearlo.

Como tantos otr@s niñ@s.

Y eso es lo único que importa.
Abramos foco: el epicentro no está en nuestro ombligo, pero el eco de lo que hacemos llega a muchísimas más partes y vidas de las que imaginamos, haciéndolas más duras o más amables. 

Dadle una vuelta a esto.

Y que los días festivos, lo sean para tod@s.







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