martes, 19 de mayo de 2015













Al entrar en clase por la mañana, me encuentro con la nota: sobre un folio blanco, y con un lápiz azul, ha escrito varias veces -y hasta en cinco maravillosas repeticiones- un Carmen te quiero, que me pone una sonrisa, que me llena de un nosequé tierno y al mismo tiempo de cascabeles y orgullo, que me hace pronunciar un ¡oh, pero qué carta tan bonita! y que provoca que las caras de mis alumnos y alumnas me miren y sonrían sin saber muy bien porqué, pero queriendo acompañar mi alegría, porque ellos son así y simplemente les encanta.

La única lástima -me fijo- es que a pesar de tantos te quieros, en un último momento, ese alguien no ha puesto su nombre ( yo a esa edad no creo que me hubiese atrevido tampoco a escribirlo), dejando a su autor/a en el más completo anonimato.


Levanto la vista del papel. Tod@s me miran. Yo les miro. Esperan algo,claro. El saber qué tengo entre las manos sería una buena respuesta.


Entonces les explico: Es que me ha puesto contentísima esta nota tan bonita, hecha con tanto esfuerzo,...aunque, -añado- qué pena que no haya puesto quién la ha escrito, porque me hubiese gustado muchísimo darle un beso por este esfuerzo tan grande que ha hecho...


Y ahí queda la cosa. Doblo la nota, la dejo junto a la maceta llena de margaritas que tengo en una esquina de la mesa y allí se queda.Se queda hasta que regresamos del patio y volvemos a clase:

alguien ha movido la nota, porque ahora vuelve a ocupar el centro de la mesa, está desplegada de nuevo y mi querido anónimo ha dejado de serlo: Un "de parte de Carlos" añadido a lápiz y a la nota -en algún momento que yo desconozco, entre el timbre de inicio y final del recreo- anuncia que Carlos es el autor, la mano y corazón que con insistencia y buena letra ha querido regalarme un buenos días diferente y amoroso.

Desde su silla, me está mirando con una sonrisa y sin perder de vista la mía. Creo que sé lo que espera. Por eso camino hacia su sitio en la clase y entonces sí, llego a su lado y le doy un abrazo y dos besos.


-Dijiste un beso sólo -añade alguien elevando la voz entre el alboroto alegre del resto-. Sí, claro -explico-  dije uno por el esfuerzo, pero este otro, además, lo merece por haber sido tan valiente.






No hay comentarios:

Publicar un comentario