lunes, 11 de mayo de 2015







Tengo un amigo.
Tengo un prólogo.
Y quizá, porque ambas cosas vayan unidas, el resultado sea tan favorecedor para mí.

Enrique Valladares Ros, mi primer profesor de microrrelato cuando comencé a escribir en 2008, se ha encargado de presentar mi libro envolviéndolo con unas palabras que me han hecho sentirme muy feliz y maravillosamente cuidada.

Gracias, Enrique.

Qué suerte la mía.

Fantástico maestro, fantástica persona. Y cómo no, fantástico prólogo. 

Ahí os lo dejo. 





PRÓLOGO


Leo en el diccionario «Caleidoscopio ó Calidoscopio, del griego kalós,‘bello’, êidos,‘imagen’y skopéo,‘observar’», y veo que también está ahí ‒entre esas dos acepciones‒ guardada la palabra "cálido", como un aviso o una promesa de lo que se aproxima. Y, en efecto, encontraremos algo cálido, algo bello, algo que observar. Pero no toda belleza es mansa. Las palabras de Carmen saben rozar el alma, y lo hacen por su haz y su envés: junto a textos amables (fáciles de amar) nos golpean otros con imágenes potentes de frío, distancia y duelo. Los poemas se entremezclan —como sueños— con los microcuentos, con historias diminutas y con aforismos. También nos aguarda un humor soterrado que, ahí abajo, ha estado macerando para emerger entre líneas, dándole al lector un pellizco de esperanza o algo asimilable a una sonrisa: un espacio donde tomar aire para seguir adelante.
Hay honestidad y verdad en este libro, una verdad que surge de experiencia fermentada en años de reflexión; de observar y de observarse, y que, una vez madura, ha ido saliendo a la luz con el ejercicio del tiempo, cristalizando, haciéndose verdad en la palabra que nos trae ahora Caleidoscopio. Sobre todo, este libro nos habla de nosotros, nos vemos reflejados en sus tres espejos (quizás por eso sonriamos o lloremos), sabemos que es cierto, que hemos estado ahí, que de ahí hemos salido o intentado salir, que eso que leemos lo hemos visto cerca o, quizás, dentro; que, por fantástico o lírico que sea el párrafo que nos posea, es auténtico. Y la verdad es lo que le da valor a este libro: el alma y el tiempo de Carmen, compartido con nosotros, para que la palabra llegue, toque y quede. Ese es su valor, y se hace cierto en nosotros por medio de una prosa que respira cercanía, que, sin enrevesamientos formales, avanza con claridad y precisión, para que esa cercanía sea la misma que percibimos en su significado, de manera que todo —forma y contenido— trabajen por alcanzarnos con una honestidad que es urdimbre y es idea. 
No me queda más que invitarles a que lean desnudos este caleidoscopio, que vayan así hasta su palabra para que se les enrede en la piel (seguro que a Carmen le encanta). Aunque les muerda un poco, aunque les acaricie, déjense.


                                                    León, abril de 2015.
                                              
                                                   Enrique Valladares










2 comentarios:

  1. Y fantástica descripción de tus cualidades,
    .....
    Fantástica tú!


    Me repito, pero ... Me Encanta Mucho!

    ResponderEliminar